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velvetdreams

12 de junio de 1930

12 de junio de 1930 "Necesito desesperadamente ordenar un poco mis pensamientos. Estos últimos días Chicago se ha vuelto una ciudad cada vez mas complicada para mí, y empiezo a sentir los mismos deseos de huída que me llevaron a abandonar Los Ángeles.

Pero esta vez, no creo que pueda desaparecer sin más. Las cosas no fueron sencillas al marcharme de allí, y lo son aún menos aquí en esta ciudad de viento y frío.

¿Sabes?, Muchas veces me levanto añorando la calidez de L.A. … Recuerdo el suave susurro de las olas en las playas, y el eterno verano que se respiraba junto al muelle de Santa Mónica y no puedo sino sentir un urgente deseo de volver a huir. De regresar a una vida más sencilla. De volver a casa. Pero mucho me temo que esa ya no es una opción…



Esa supongo que es una de las razones que me han llevado a este diario. No puedo huir físicamente de esta la celda de asfalto, humo y hormigón que es Chicago, pero sí puedo fugarme mentalmente a través de estas páginas. Además, ¿quien sabe?, puede que esto me sea útil en el futuro en otros sentidos…Siempre y cuando tenga cuidado de que no caiga en las manos equivocadas. No me gustaría acabar como Danson.

¿Cómo Danson?... ¿Porqué he dicho eso?. No quiero incriminarme. Además no soy el único que tiene cosas contra él. Y hablando de eso, hoy conocí a un tipejo de esos que uno no esperaría ver fuera de la prisión de San Quintín. Mulligan se llamaba, y lo peor es que era policía. Me esperó a la salida del club, y luego me "invitó" a tomarme algo con él. Por supuesto supo respaldar su invitación adecuadamente con un revólver del treinta y ocho apuntándome al hígado, pero al fin y al cabo, ese es el estilo de Chicago, n'est çe pas?

Mulligan, o mejor dicho, el Inspector Mulligan del CPD, nos hizo dar vuelas por la ciudad en su mugriento y maltrecho coche. Finalmente se detuvo en Chinatown, y me hizo acompañarle por esas callejuelas estrechas y confusas llenas de ideogramas garabateados, que se apiñan unas contra otras como los humeantes paneles de una colmena.

Finalmente llegamos a lo que me pareció un cruce entre una destilería, un restaurante y un fumadero de opio. Docenas de orientales se apiñaban allí entre el humo y comían y bebían ruidosamente, y mientras estábamos allí me sentí un completo extranjero… Al principio pensé que Mulligan disfrutaba de la comida de aquel sitio, pero pronto ví, que aunque comía a puñados con una cuchara, y la masticaba con ferocidad, parecía odiar su sabor. Supuse entonces porqué me había llevado a aquel sitio. Aunque nos hallábamos rodeados de gente y en pleno corazón de la ciudad, ninguno de los que nos rodeaban parecía entender lo que decíamos.

Mulligan entonces empezó a preguntarme por Danson, no me dio explicaciones y sencillamente exigió saber dónde y cuando nos había abordado, a mí y a miss Sunny y de qué había hablado con nosotros. Por un momento temí que me preguntara más por ella, o aún peor, por Angelo, y francamente no estoy seguro de que le hubiera dicho…El caso es que pareció darse por satisfecho con lo que le dije, y sin mas palabras me dijo que desapareciera de su vista. Yo me largué enseguida.

A los tipos de su calaña no se les debe contrariar a la ligera. No al menos sin disponer de un seguro de vida de alguna clase. No me gusta tener que recurrir a esto, pero necesito un arma.

Hill, uno de los chicos de la orquesta conoce a un tipo que les consigue "herramientas" a los de las familias, y dice que si voy de su parte podría venderme algo. No me gustan las armas, pero debo empezar a tener cuidado. Puede que pronto me vea en la situación de tener que usar una y quiero poder elegir si lo hago o no…"

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