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velvetdreams

Entry for May 03, 2005

Hoy cuando me desperté me costó un montón comprender donde me encontraba. No reconocí ni los cuadros, ni los muebles de la casa en la que me encontraba, aunque al mismo tiempo, percibía en ellos un aire vagamente familiar, como si pudiese intuitivamente identificar la mano que los había escogido.

Entonces vinieron a mí los recuerdos de la noche anterior: lLa sangre de George empapando su pálido traje con cada latido, el olor a pólvora y neumáticos quemados en el coche del Signore Ángelo, el eterno camino hasta la residencia de Miss Sunny...

El quejumbroso sol de la tarde se colaba por entre las cortinas del salón de la casa, y probé a llamar en voz alta a Miss Sunny, pero nadie respondió. Sólo al cabo de un rato oí algo parecido a una respuesta. Un apagado gemido salió de una de las habitaciones contiguas, de una cuya puerta estaba cerrada. Era un gemido desagradable, la clase de sonido que uno no esperaría de una garganta humana, así que instantáneamente me puse a la defensiva.

Nervioso, busqué frenéticamente con la mirada en el salón, pero lo único que encontré que me ofreciera cierta seguridad fue el atizador de la chimenea. Con el corazón golpeando frenéticamente mi interior, y el negro metal en mi mano, me deslizé cuidadosamente hasta la puerta y pegué el oído para escuchar. Al otro lado, unos sonidos rítmicos, parecidos a chasquidos se repetían en intervalos de minutos. No estaba seguro de que podía estar pasando en esa habitación, pero no podía ignorarlo. Algo podía estarle sucediendo a George, o ¡peor aún! ¡a miss Sunny!, así que me armé de determinación y abrí la puerta de golpe.

Al otro lado, el doctor Nightingale se volvió sentado en la cama de George y me dijo: "Ah, Dreamer, veo que ya estás despierto. Voy a necesitar tu ayuda para terminar de coser a este muchacho".

En silencio sonreí aliviado y acudí a ayudarle.

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